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Un soplo de brisa fresca

SE VA EL VERANO....

SE VA EL VERANO....

Un verano más que se va. Y habrá quienes digan que ha transcurrido sin pena ni gloria. También quienes lo hayan vivido como algo especial, y tengan motivos para guardarlo en un futuro en su memoria e incluso en su corazón.
Como cada año, todos y cada uno de nuestros pueblos estallaron con la alegría de sus diferentes fiestas. Las playas se llenaron, las ciudades se vaciaron..., todo igual que siempre.
Ha sido éste sin duda el verano de la crísis. El verano más largo y caluroso de los últimos tiempos.
Pero también ha sido el verano en que, por primera vez, nos coronamos campeones del Mundo de Fútbol, mientras veíamos como nuestro Rafa Nadal, despues del susto del año pasado, recuperaba el nº 1 en el ranking de la A.T.P.
Ahora, poco a poco se va marchando... Las tardes cada vez son un poco más cortas, y empezamos a recurrir a las chaquetas a primera y última hora del día. Ya pronto el paraguas volverá a ser incómodo compañero.
Para quienes hayan vivido el verano más feliz de su vida y también para los que hayan sufrido de desamor u olvido -para todos- .....van estos poemas del gran Charles Baudelaire...
Y ya sabeis...la vida sigue...

EL ALBATROS

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

LAS JOYAS

Ella estaba desnuda, y, sabiendo mis gustos,
Sólo había conservado las sonoras alhajas
Cuyas preseas le otorgan el aire vencedor
Que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón
Ese mundo radiante de pedrería y metal
Me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí
Las Cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,
Sonriendo de dicha desde el alto diván
A mi pasión profunda y lenta como el mar
Que ascendía hasta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como en tigre amansado,
Con aire soñador ensayaba posturas
Y el candor añadido a la lubricidad
Nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

Y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos
Pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,
Pasaban por mis ojos lúcidos y serenos;
Y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,

Avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal
Para turbar la paz en que mi alma estaba
Y para separarla del peñón de cristal
Donde se había instalado solitaria y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño
-Tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-
Las caderas de Antíope al busto de un efebo,
¡Soberbio era el afeite sobre su oscura tez!-

Y habiéndose la lámpara resignado a morir
Como tan sólo el fuego iluminaba el cuarto,
Cada vez que exhalaba un destello flamígero
Inundaba de sangre su piel color del ámbar.

(Publicado por Juan Carlos Céspedes en Grandes Poetas)

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