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Un soplo de brisa fresca

Sara Martínez de Castro

Sara Martínez de Castro


El amor

(A Héctor y Patrizia)

El amor si es verdadero
es un angel atrevido
que adivina en un latido
la gracia del alfarero.
Es la lluvia en el alero
que acaricia al inmolarse,
es la raíz que al clavarse
en la tierra se libera,
o es una nube cualquiera
que es más nube al regalarse.

De la magia va vestido
y es cómplice del asombro.
Lleva su ternura al hombro
con un gesto agradecido.
Inoportuno y bandido
por cumplir con su misión
se esconde en una canción,
un poema, una mirada,
o en la esquina iluminada
que llamamos corazón.


Si no tuvieras nombre
(A Diana Beatriz en su onceno cumpleaños)

Si no tuvieras nombre, inventaría
uno que te sirviera como espejo:
serpentina, consuelo, paz, ternura,
paloma, flor, rocío, caramelo;
sonrisa que descuelga de la vida,
lluvia que hace cabriolas en el tiempo,
la razón de ser niña para siempre,
una brizna de luz en tu cuaderno.

Si no tuvieras nombre, hasta la brisa
llamaría en la magia de tu acento,
y un Angel de la Guarda te daría
una nube traviesa por pañuelo.
El cielo danzaría en tu mirada
hasta quedarse en tu mirada quieto;
y para ver a Dios únicamente
bastaría buscar tu pensamiento.

Si no tuvieras nombre, te daría
el asombro cordial de este año nuevo...


Madre Teresa

Madre Teresa de la Misericordia,
amparo de los tristes,
en el quehacer sencillo de los buenos
forjaste un corazón limpio y humilde,
un corazón de escharcha iluminada
por la uz de los siglos …

Supiste repartirte en bendiciones,
con tu asombro inocente como un lirio,
bálsamo de dulzura, roca mística,
ofrenda de piedad en tierra extraña
sobre un dolor antiguo.

Madre Teresa de los Desamparados
que rezas de otro modo tan distinto,
con la mano extendida hacia el más pobre,
con la fe renovada en sacridicio,
con algo más que un simple Padre Nuestro
a la sombra de un viejo crucifijo,
porque Dios muchas veces tiene hambre,
se queda sin hogar y siente frío …

Madre Teresa, plenitud de gracia,
Madre Teresa, cántaro de alivio,
esencia de una vida que no acaba
porque de tanto darse se hace oficio.

Estás en el Amor que es hoy y siempre,
y en el Amor te creces de infinito.


A Diego

I

Guardo silencio y el silencio puede
asirse a mi dolor como una brasa.
Estás presente, amor, por eso pasa
la angustia sin tocarme. Todo cede

su lugar a esta pena donde anida
la única verdad, el gesto cierto.
Y me niego a aceptar tu despedida
porque si estás en mi, tú no estás muerto.

Bajo la noche el corazón habita
en un tiempo que quiso, de algún modo,
hacer de la inocencia su baluarte.

Acudo nuevamente a aquella cita
en que unimos la sed, el alma y todo.
Y me sobra dolor para encontrarte.


II

Y me sobra dolor para encontrate,
esposo, amante, amigo, compañero,
como la madrugada en el lucero
así vas por mi piel a cualquier parte.

Te escondo en la parábola escogida
allí donde la duda se hace asombro,
y me llega tu voz cuando te nombro
en una contraseña compartida.

Seguiré por el terco desvarío
que insiste en prodigar su buena suerte
para salvar un sueño de la nada.

Y seguirás latiendo por ser mío,
más allá de la trampa de la muerte,
más allá de la ausencia enamorada.


Como si fuera ayer

(Al poeta y compositor José R. Muñiz)

Deambula en un letargo la esperanza
y el tiempo se apresura demasiado.
El presente es un duende custodiado
por una caprichosa adivinanza.

Nada es igual y nada es como un rito
que vuelve a comenzar un día cualquiera.
Nada es igual, mas cada primavera
la rosa se convierte en infinito.

Tú pudes regresar … sueña, poeta,
con una noche lánguida y coqueta
en plenitud de luna cienfueguera.

Y volverán tus versos desterrados
a enamorarse en los acantilados
como si fuera ayer, como si fuera…


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