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Un soplo de brisa fresca

Entre nubes otoñales....

Entre nubes otoñales....

Domingo triste, gris... Nubes de otoño que, ocasionalmente, vierten lágrimas suaves. Esta tarde toca abrazar el cojín naranja, y calentar sofá viendo la película con la que descubrí a Julia y a Denzel, en un cine que hace años cerró sus puertas seguramente herido de muerte por la, ya también caduca, era del video-club.

Solo un ratito para venir a dejar un poema, de ese poeta que parece leer -sin dificultad- en mi mente y en mi corazón.

 

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi...

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.

Ya sé que tus palabras no tendrán
ese tono lujoso, que los aires
inquietos de tu pelo
guardarán la nostalgia artificial
del sótano sin luz donde me esperas,
y que, por fin, mañana
al despertarte,
entre olvidos a medias y detalles
sacados de contexto,
tendrás piedad o miedo de ti misma,
vergüenza o dignidad, incertidumbre
y acaso el lujurioso malestar,
el golpe que nos dejan
las historias contadas una noche de insomnio.

Pero también sabemos que sería
peor y más costoso
llevárselas a casa, no esconder su cadáver
en el humo de un bar.

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
y sin idiomas voy hacia la tuya.
No hay nada que decir,
                                              pero supongo
que hablaremos desnudos sobre esto,
algo después, quitándole importancia,
avivando los ritmos del pasado,
las cosas que están lejos
y que ya no nos duelen.

LUIS GARCÍA MONTERO

 

 

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