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Un soplo de brisa fresca

La poesía de MAYBELL LEBRON

La poesía de MAYBELL LEBRON

ÉXTASIS

Mira estamos vivos.
Siento la savia oscura galopar en mis cauces.
La luz borra quimeras
-huéspedes de párpado ceñido-
y dibuja sin prisa tu contorno olvidado.
El nácar de la arena tramonta el aire y se deshace.
En la playa las huellas son testigo.
Mi aliento y tu cuerpo palpitante repican:
Ya ves
estamos vivos.

ENCUENTRO

La impavidez mentida de la máscara
esconde una violenta llamarada
y aviva un estertor de triste risa
en la cuenca severa, fiel, precisa.
Bajo alado antifaz la azul mirada
recoge su dolor. Arrebatada
visión de noches sin destino cierto
en búsqueda febril de ansiado puerto;
de amarras que reaten su alegría
y borren la forzada simetría.
Máscara y antifaz ruedan silentes
y el calor de la piel los labios sienten.


CERTEZA

Tirita el bulto leve.
No más
el blando levitar en savia ajena.
Una niebla exigente
achica la pupila azul
y ciega.
Extraña suerte.
En el silencio blanco
su virgen dolor grita
al par que un latido recatado
monótono comienza
su andadura hacia la muerte.
A veces
ese suave golpeteo
me alerta que estoy viva
y me pongo a pensar
en el silencio
(ausente de parajes conocidos)
al que habré de llegar
desarropada
sin túnica ni carnes
ni razón de desvelo.
Certeza inexorable
de lánguida grisura de fogata
buscadora de cielo.
A qué contar las horas
de indomables relojes.
Jinete de quimeras
engendro de lo alto o del infierno
me asomaré a tu umbral
al compás de la mano en movimiento.
O al saber
que el amor ha prolongado
su gloriosa simiente
en cantos nuevos.
No creo en la negrura;
jamás termina el día en el abismo.
Estoy segura: en mí
será lo mismo.

PÉNDULO

Oscila la balanza imperturbable,
la aguja, sin hallar sosiego, queda;
si la vida, fugaz, se muestra amable
celajes de dolor traban su rueda.
Ayer fue ya, no hay nada más que pueda
reiniciar la aventura inacabable.
Hoy, con calma, contemplo el duro sable
que me espera al final de la vereda.
Ese nuevo mañana es todo mío,
haré que vibre y me hundiré en su abrazo
soñando eternidades no soñadas;
y de mis venas, cual feraz rocío,
húmedo, azul, estamparé mi trazo:
las palabras de amor, resucitadas.

POETA

Es un poeta.
Aislada en un bloque de cemento
la voz baja de tono
rebota en las paredes muertas
bajo la luz fingida
teñida de vergüenza.
Afuera
despiertan las estrellas
en triunfal interludio.
En la terraza cálida
un hombre
mira el cielo.

Maybel Lebron es poeta y escritora de cuentos. Aunque nació en Córdoba (Argentina), vive en Paraguay (Asunción) desde 1930. Es miembro del Taller Cuento Breve, y ha publicado algunos cuentos en los libros de dicho taller y otros en periódicos y suplementos literarios. En 1989 obtuvo el primer premio en el concurso "Veuve Chiquot Ponsardin" por "Orden superior", uno de los relatos incluidos en Memoria sin tiempo (1992), su primer libro de cuentos. En 1993 otro de sus cuentos ("Gato de ojos de azufre") fue galardonado con el Premio Néstor Romero Valdovinos en el concurso de cuentos del Diario "HOY" de ese año. También es autora del poemario Puente a la luz (1994).
(Datos obtenidos de http://www.los-poetas.com)

Nadie como tú

Nadie como tú

Me he asomado al balcón de tus pupilas,
y no hay vida más allá de tu calidez,
ni luz que no contengan
tus párpados cerrados,
ni elegancia más fina,
que el porte descuidado
que a mi lado paseas.

No hay fragor que desvele,
como el loco cabalgar de tu latido,
ni boca más golosa,
al dibujar una pícara sonrisa,
ni más plácida,
al abrirse en verbo hecho homilía.

Nada altera mis pulsos
cómo tu azul mirada.
Nadie como tú
dibuja sentimientos,
teje fascinaciones,
nadie sabe como tú
bordar el tiempo
con los colores de la dicha.

Y fué tarde....

Y fué tarde....

Ojalá hubieses aguardado a que el tiempo
tomase partido por Nosotros;
qué te pudiese susurrar algún poema,
de los que para TI escribí;
qué mis labios llegasen a rozar tu piel de bruma,
o tus cabellos de trigo;
qué mi mirada te hablase de amor paciente,
de esperanza;
qué hallases en mi aliento el aire que precisas.
Pero he llegado tarde.
Y mis ojos se cierran, apagados.
Mi tiempo se retira, cobarde.
Mis oídos se ahogan en silencios. Mi piel ya no arde.
Te presiento caminando, cansado,
vacía la mirada,
tu vida, adormecida nuevamente,
la mía, marchando hacia ninguna parte,
y me hiere sentirte en lejanía,
y me pierde haber llegado tarde.

La poesía de ANGEL GONZÁLEZ

La poesía de ANGEL GONZÁLEZ

BREVES NOTAS BIOGRÁFICAS:

Poeta y profesor de literatura, pertenece al grupo conocido como -Generación de los 50- o del medio siglo. Dueño de una poesía humanamente comprometida, teñida de fina ironía y humor. Nació en Oviedo y su infancia estuvo marcada por la sombra de la guerra civil y por la muerte prematura de su padre cuando él apenas contaba dos años. La experiencia de la guerra aparecerá en su primer libro, Aspero mundo (1956) y con el que obtendría un accésit del Premio Adonais. En él se ordenan una serie de vivencias originadas por el trauma de la guerra civil española reflejadas en la contraposición de dos mundos irreconciliables: el de la infancia, sensación casi nube y la cruel realidad, de duros y agrios perfiles.

A partir de entonces, su posición ante el mundo se torna más clara y militante. Al escribir en 1961 Sin esperanza, con convencimiento, incluye ya un análisis social de las causas de la derrota y pasa a ser clasificado claramente en el grupo de los poetas sociales. Angel González abandona más adelante esta actitud para dedicarse a una poesía en la que testimonia su propia experiencia de la realidad y donde hay una preocupación por la palabra en sí misma, por la expresión justa, precisa, casi imprescindible. El paso del tiempo, la temática amorosa y cívica, son tres obsesiones que se repiten a lo largo y ancho de sus poemas. Su tercer libro, Grado elemental (1962), fue galardonado en Colliure con el Premio -Antonio Machado-, poeta al que Angel González admira profundamente. Palabra sobre palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967), Breves acotaciones para una biografía (1971), Procedimientos narrativos (1972), Muestra de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976) y Prosemas o menos (1984) son otros de sus libros. Su obra completa, en la que incluye poemas inéditos, ha sido publicada en tres ocasiones, la última de ellas en 1986, y siempre con el título de Palabra sobre palabra. Es asimismo autor de diversos estudios poéticos sobre Juan Ramón Jiménez (1973), el Grupo poético de 1927 (1976), Gabriel Celaya (1977) y Antonio Machado (1979). Angel González es maestro nacional, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo y periodista por la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Trabajó también en el Ministerio de Obras Públicas, de donde es funcionario en excedencia. Actualmente enseña Literatura Española Contemporánea en la Universidad de Alburquerque (Estados Unidos), habiendo sido profesor visitante en las de Nuevo México, Utah, Maryland y Texas.

(Texto extraído de http://www.epdlp.com/)


SU POESÍA

SON LAS GAVIOTAS, AMOR

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.
Tus piernas, tus dulces piernas,
enternecen a las olas.
Un cielo sucio se vuelca
sobre el mar. El viento borra
el perfil de las colinas
de arena. Las tediosas
charcas de sal y de frío
copian tu luz y tu sombra.
Algo gritan, en lo alto,
que tú no escuchas, absorta.

Son las gaviotas, amor.
Las lentas, altas gaviotas.


ME HE QUEDADO SIN PULSO

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.


INMORTALIDAD DE LA NADA

Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
-porque te vieron-,
jamás
se comerá la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.


VALS DE ATARDECER

Los pianos golpean con sus colas
enjambres de violines y de violas.
Es el vals de las solas
y solteras,
el vals de las muchachas casaderas,
que arrebata por rachas
su corazón raído de muchachas.

A dónde llevará esa leve brisa,
a qué jardín con luna esa sumisa
corriente
que gira de repente
desatando en sus vueltas
doradas cabelleras, ahora sueltas,
borrosas, imprecisas
en el río de música y metralla
que es un vals cuando estalla
sus trompetas.

Todavía inquietas,
vuelan las flautas hacia el cordelaje
de las arpas ancladas en la orilla
donde los violoncelos se han dormido.

Los oboes apagan el paisaje.
Las muchachas se apean en sus sillas,
se arreglan el vestido
con manos presurosas y sencillas,
y van a los lavabos, como después de un viaje.

LA VIDA EN JUEGO

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

MIENTRAS TÚ EXISTAS

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.


Tenías tan abierto el corazón...

Tenías tan abierto el corazón...


Tenías tan abierto el corazón,
tan franco el paso hacia sus aposentos,
que la idea de adentrarme fué tormento,

ya que el camino estrecho, prometía
algún posible encuentro –indeseado-
con quién, tal vez volviera
de ocupar tu corazón –en el pasado-,

y no existiendo guardia,
ni muros que su entrada protegieran,
sabía de otras rondas a su frontera.

Yo intentaba forzar la confianza.
Aliviarme, empujando a la osadía.
Más el temor a la mudanza era cruel agonía,

y sin haber logrado decidirme,
me quedé sola, deambulando,
para alejarme al fin de su confines.

TUS OJOS

TUS OJOS

En soledad, y a la orilla del mar,
dónde la melodía -atrapada en el aire-,
nace del cortejo de las olas
a la arena que bañan,
cuelga la luna, suspendida
en su oscuro escenario.
Yo anhelo vislumbrarla
en argentado reflejo,
dueña de tus pupilas.
¡Son tan hábiles tus ojos
en proyectar hermosura.!
He contemplado en ellos,
-tántas veces-
reflejarse rojizas puestas de sol,…
amaneceres blancos..
¡Y son tan sinceros,
aunque a menudo te burlen.!
Me han cantado amores, en tanto
el resto de ti fingía derrochar enojos...
Deja pues que me refleje en los espejos
huéspedes de tu rostro.
Que me pierda en su silencio,
en tanto que aguardamos
al baño plateado de la aurora.

Un poema de GERARDO DIEGO

Un poema de GERARDO DIEGO

EL CIPRES DE SILOS

Enhiesto sutidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza
Chorro que a las estrellas casi alcanzas
devanado a sí mismo en loco empeño
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño
Cuando te vi, señero, dulce, firme
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de dilirios verticales
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Gerardo Diego

CÉSAR CALVO SORIANO:\

CÉSAR CALVO SORIANO:\

César Calvo Soriano nació en Iquitos el 26 de julio de 1940. Hijo del pintor loretano César Calvo de Araujo y de doña Graciela Soriano Narvaez de Calvo, estudió la primaria en la ciudad de Lima en el Colegio Pedro Tomás Drinot y la secundaria en el Colegio Nacional Hipólito Unanue. Siguió estudios de Letras, Psicología y Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Vivió su infancia en un pequeño departamento ubicado en el tercer piso de la Calle Coca (Jirón Carabaya) de Lima, la casagranja de Puente Piedra y la chacra de Chillón, propiedades de su abuelo Víctor Soriano. Su juventud transcurrió entre la Calle Gremios (Jirón Callao), la casa en la Bajada de Baños de Barranco y su departamento en Las Begonias de Chaclacayo.

Viajero empedernido y aventurero recorrió muchas ciudades del Perú y del mundo, viviendo durante años en el Cusco, Iquitos, Londres, París, Madrid, Roma y Barcelona.

De espíritu fraternal y desprendido, muchos gozaron de su amistad inconfundible y aquella risa estruendosa y contagiante que aún recuerdan todos aquellos que llegaron a disfrutar de su compañía sin distingo de edad, clase, raza, posición social y cultural, incluyendo por supuesto a grandes personalidades de la poesía, literatura, ciencia, artes y política nacional e internacional. Fue gran amigo de los pobres, irremediable amante de las mujeres y dulce protector de niños y animales.

Su identificación y gran amor por la Amazonía y la ecología, lo llevó a dirigir la filial del Instituto Nacional de Cultura en Iquitos en 1975 durante el cual también fue Director de la Fundación Pro Selva en la misma ciudad, dedicada a la protección y difusión de la cultura amazónica.

Periodista fundador del diario “Expreso” en Lima, siguió como corrector, diagramador y redactor en el Diario “El Comercio” hasta el año 1963, luego toma la Sub-Dirección del diario “El Correo”. Editó Latin American Touring (1964-1965) con una edición paralela en español. Jefe de redacción en “La República”, columnista de “El Popular” hasta el año 1986, colaboró continuamente con las revistas “Gente”, “Caretas” y “Si”, siendo columnista hasta el final de sus días, en el Diario “Perú Shimpo”.

Su talento lo llevó a ser guionista para los programas "Esta es su Vida" y "Noche de Gala" en Panamericana Televisión. Locutor en off en el cortometraje de la “Vida de Martin Adán” del cineasta peruano Alberto “Chicho” Durand; fue además, declamador exclusivo de César Vallejo a pedido de su viuda Georgette Vallejo.

Calvo incursiona en la música con Cancionario (1967), colección de poemas escritos en forma de canciones. Varios de ellos fueron tomados posteriormente por renombrados cantautores y músicos como Chabuca Granda, Jorge Madueño, Raúl Vásquez, Juan Castro Nalli, Lucho Gonzáles, Víctor Merino, entre otros. Es el inicio de una prolífica producción en variados géneros como baladas, trova, landós, marineras, huaynos, yaravíes, panalivios, festejos, danzones, así como canciones infantiles. Muchos de estos temas son interpretados por reconocidos cantantes internacionales como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Alfredo Zitarrosa, Mercedes Sosa, Rafael, Eva Ayllón, Susana Baca, Cecilia Barraza, Elsa María Elejalde, Miki Gonzales y otros.

Director Artístico del Conjunto Folklórico Perú Negro; Calvo aportó en la coreografía, vestuario y luces desde su cargo como Coordinador General en varios espectáculos, que llevó a este grupo al despegue de su carrera internacional.

Miembro de la llamada Generación del 60. Con tan sólo veinte años su primer poemario Carta para el Tiempo recibió Mención Honrosa en el primer Concurso Hispanoamericano de Literatura en 1960, cuyos textos aún no han sido editados. El mismo año compartió con Javier Heraud el primer premio del Concurso “El Poeta Joven del Perú” con el poemario Poemas Bajo Tierra, publicándolo al año siguiente. En 1963 presenta su segundo libro, Ausencias y Retardos. En 1966, gana una Mención Honrosa en el “Premio Hispanoamericano de Literatura” por su obra El Cetro de los Jóvenes. Al año siguiente publica, junto con Javier Heraud, Ensayo a Dos Voces. Recién ese mismo año, sale a luz El Cetro de los Jovenes dentro de la Colección Premio Casa de las Américas.

Otros poemarios suyos como El Último Poema de Volcek Kalsarets (1965), Cancionario (1967) y Poco antes de partir (1971) fueron incluidos en su quinto libro Pedestal para Nadie, obra que obtiene en 1970 el Premio Nacional de Fomento a la Cultura, en 1974 el Primer Premio del Concurso Hispanoamericano de Literatura y en 1975 alcanza el mayor galardón con el Premio Nacional de Poesía.

En 1981 publica su magistral novela Las Tres Mitades de Ino Moxo y otros Brujos de la Amazonía, traducida al italiano al año siguiente. Su talento poético vuelve en 1985 con su octavo libro Como Tatuajes en la Piel de un Río. Luego ese mismo año se publican los dos primeros libros de su trilogía Los Lobos Grises Aúllan en Inglés, que revela los entretelones del atentado contra Juan Pablo II, continuando con el tercer volumen La Verdad y Solamente la Verdad. Campana de Palo se publica en 1986, la cual recopila las columnas publicadas y censuradas, que escribiera para el Diario El Popular. Luego, en 1989 aparece su poemario Puerta de Viaje en coautoría con José Pavletich y al siguiente año su último libro de la trilogía Los Lobos Aúllan Contra Bulgaria. En 1995 se edita la traducción al inglés de Las Tres Mitades de Ino Moxo en Estados Unidos de Norteamérica.

César Calvo, considerado como uno de los mejores escritores hispanoamericanos por su inconfundible aliento poético, fallece repentinamente el 18 de agosto del 2000, casi al término de su último ensayo poético Edipo entre los Inkas, que fuera publicado póstumamente en tres tomos por el Congreso de la República del Perú en el 2001.

Información recogida en http://www.cesarcalvo.com


SU OBRA:

VENID A VER EL CUARTO DEL POETA

Venid a ver el cuarto del poeta.

Desde la calle
hasta mi corazón
hay cincuenta peldaños de pobreza.
Subidlos.
A la izquierda.

Si encontráis a mi madre en el camino,
cosiendo su ternura a mi tristeza,
preguntadle
por el amado cuarto del poeta.

Si encontráis a Evelina
contemplando morir la primavera,
preguntadle
por mi alma
y también por el cuarto del poeta.

Y si encontráis llorando a la alegría
océanos y océanos de arena,
preguntadle
por todos
y llegaréis al cuarto del poeta:
una silla, una lámpara,
un tintero de sangre, otro de ausencia,
las arañas tejiendo sordos ruidos
empolvados de lágrimas ajenas,
y un papel donde el tiempo
reclina tenazmente la cabeza.

Venid a ver el cuarto del poeta.
Salid a ver el cuarto del poeta.
Desde mi corazón
hasta los otros
hay cincuenta peldaños de paciencia.
¡Voladlos, compañeros!

(si no me halláis
entonces
preguntadme
dónde estoy encendiendo las hogueras)


Aquel bello pariente de los pájaros

Aquel bello pariente de los pájaros
que escondía su sombra de la lluvia
mientras tú dirigías
sobre ardientes cuadernos el vuelo de su mano.
El niño que subía
por el estambre rojo del verano
para contarte ríos de perfume,
cabellos rubios y país de nardos.
Tu niño preferido -¡si lo vieras!-
es el alma de un ciego que pena entre los cactus.
Es hoy el otro, el sin reír, el pálido,
rabioso jardinero de otoños enterrados.

¿Y sabiendo esto lo quisiste tanto?
¿Lo acostumbraste al mar,
al sol,
al viento, para que hoy ande respirando asfixias
en un pozo de náufragos?
¿Para esta pobre condición de niebla
defendiste su luz de enamorado?

Poesía, no quiero este camino
que me lleva a pisar sangre en el prado
cuando la luna dice que es rocío
y cuando mi alma jura que es espanto.

Poesía, no quiero este destino.
Llévate tus sandalias.
¡Devuélveme mis manos!

El final de la historia lo dirán las estrellas
y las hojas que cubren mi sueño sepultado.

(de Poemas bajo tierra)


Nocturno de Vermont

Me han contado que también allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?

O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.

Ni el galope del mar: atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.

(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena).

Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera
(un silencio de jazz sobre la hierba).

Y pregunto y pregunto:

¿Es cierto q ue allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia…?

(de Ausencias y retardos)


El retorno

Todos los rostros se desprenden
De nuestros ojos caen como cáscaras los años
Sin embargo debemos sonreír como ese espejo
Donde un soplo borró la imagen más amada
Y desteñidos paisajes se aniegan en lo oscuro

Hasta que sentimos sobre nuestros ojos
Las primeras paladas de tierra
La última caricia inacabable
Y nos reconciliamos con nuestra procedencia

Así ha ocurrido siempre y así tendrá que ser
Y luego de la helada corriente y luego
De enterrada la luna entre sus aguas
En el siguiente día
El mismo solo muere por una sola vez
Caerá como un río sobre campos sin memoria

(de El último poema de Volcek Kalsaretz)


Edipo ciego

Con ella se ha acostado en aquel cuerpo
donde un padre retorna, sin saberlo
ha mordido su cálida cintura,
la vieja cera de un amor sin nombre
gotea entre sus piernas abrasadas.
Con inútiles paños ha cubierto
aquel espejo donde
envejece de pronto, poseída
por la capa del Rey. Tiniebla es el recuerdo
y los cuerpos jadean sin memoria
pero luego conversan en el muro
sus sombras, viejas cosas, y se sientan,
velan la breve muerte de los hijos saciados.


Fábula

El Rey escucha sólo
los pasos que se alejan, los disuelve
en su sueño,
ignora que es un sueño inacabable.
Soñando despertarse, un río de oro
cruza, corona roja, sobre el mundo.
Se despierta entonces y su muerte
desencadena el alba, la matanza.


Los utensilios propicios
Un árbol inocente, alguna cuerda.


El sabio

Permaneció en la ventana
durante largos, largos años, viendo
caer las hojas, la nieve, viendo caer
las hojas
y
la nieve.
Cuando se acordó de sus hermanos
éstos ya eran un pedazo de hierba.
Él durmió feliz: aquella noche
descubrió que los árboles
pierden sus hojas, que la nieve es blanca.


Homenaje a Freud

Tú dirás que en el vientre de mi esposa
aguardé nueve meses para nacer, y es cierto
que he nacido, pero luego
como que nos dejaste confundidos
hablándonos del mar desde tu tina
de porcelana rosa, Segismundo, mi viejo.

(de Pedestal para nadie)


Nocturno de Vermont
Ausencias y retardos (1963)

Me han contado, también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?

O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
lo busco entre la niebla.

Ni el galope del mar: atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello amanece en mi cuarto
un viento más cargado de naufragios que el mar.

(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena).

Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera
(un silencio de jazz sobre la hierba).

Y pregunto y pregunto:

¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?


HOY HEMOS ALMORZADO DE MEMORIA

Hoy hemos almorzado de memoria.
De nuevo
de memoria.
Contando alguna tarde de provincia,
mi madre se ha quedado dormida en una alondra.
En una alondra antigua y silenciosa.

¿Quién va a venir ahora, con la voz de esa alondra,
a hablarnos de la dicha y de las rosas?
Con la luz de esa sombra ¿quién va a venir mañana
a hablarnos del perfume radiante de la dicha,
dichoso
de las rosas?

Ya nadie vendrá ahora.
Nos hemos devorado la voz de las alondras.

Ya nadie vendrá nunca.
Contando alguna tarde de provincia,
hoy nos hemos comido para siempre las rosas.
Poemas bajo tierra, Lima 1960.


DAN LAS CAMPANAS TU RECUERDO EN PUNTO

Dan las campanas tu recuerdo en punto.

Afuera se pasean las dos de la mañana.

Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
lo que tengo,
me faltas.

Dan tu recuerdo en punto las campanas.
Y afuera se pasean,
de una
en una,
las dos
de la mañana.
Poemas bajo tierra, Lima 1960

Tu palabra

Tu palabra

Ideal para la plática amorosa,
florece la voz en tu garganta.
A veces me susurra, otras me canta
y, ¡con que dulzura tentadora
cuando es portadora de ternura!.
Con qué sutil diablura
me embruja con palabras zalameras,
Y de ese modo, aunque no quiera
he de rendirme ante su encanto.

Así día a día vas desplegando
sin compasión, tus armas seductoras:
Los rayos de tus ojos que enamoran,
tu hechicera sonrisa que fascina,
y tu palabra que me alborota.
No hay posible aflicción cuando me miras,
y de esa boca tuya -como ninguna-
brotan rojas camelias,
ardientes brasas
y blancas azucenas.

Súsurrame bien mío,
requiébrame un poquito,
¡y que mueran de celos las estrellas!

ASÍ ES LA VIDA

ASÍ ES LA VIDA


Avanzar con el alma hundida,
salpicado el corazón por el veneno,
que destilan los odios enquistados.
Clamando al viento,
arremangar los sentimientos,
y seguir caminando.
Marchar llevando a hombros las flaquezas,
inmersa en brumas de desamparo,
bajo un cielo sombrío.
Invocar la llegada del lucero
que alumbre, con su brillo, tu camino,
Ver como el equipaje se hace lastre.
Buscar la soledad o ansiar la compañía,
Beber la absenta como la miel más dulce.
Sentir que agonizan las ganas,
e inhalar el aire a bocanadas.
Teñir las huellas del dolor,
del color de la risa.
Procurar la comunión con el universo,
bailar con las estrellas, y practicar la esgrima
con la desesperanza,..
¡Así es la vida!.

TE BUSCO...

TE BUSCO...

Te busco entre las gentes,
traspasando tinieblas,
en hombres, en mujeres,
en soles y en estrellas.
Te busco en el efímero
destino de una rosa,
en las frágiles alas
de quince mariposas,
Te busco en las ojeras
de un insomne cualquiera.
En la boca atrevida
de cincuenta rameras.
En lechos impolutos
y en otros mancillados
En manos inocentes
y en hijos del pecado.
Te busco sin descanso,
te busco a toda hora,
ya sea en el Paraiso
ó en Sodoma y Gomorra.
Yo busco con empeño
tu corona de espinas.
Da igual si te someto.
Da igual si me lastimas.
Ya sea en cuerpo a cuerpo
o a trecho razonable.
Hagas de mi una reina
o una miserable.
Tal vez vistas de luto
ó de seda radiante,
Tal vez te encuentre bruto.
Tal vez interesante.
Amor que te me niegas,
Amor que te me escondes,
¿Porqué de mi reniegas?
¿Porque nunca te llegas
y pronuncias mi nombre?
Yo te sigo buscando,
buscaré a toda hora
tu corona de espinas
ya sea en el Paraíso,
en Sodoma y Gomorra,
o en mis manos vacías.


Ser gozo para ti...

Ser gozo para ti...

Qué ansia de encontrarme en tu mirada
y posarme en tus labios amorosos,…
de beberlos, cual vino generoso
que nunca sacia pero siempre embriaga...

Qué quietud se apodera de mi alma,
si me hago hiedra abrazada a tu pecho,
llevando la pasión hasta tu lecho,
para despues conducirte a la calma.

Quiero ser para ti gozo y misterio,
hallándome rendida en tu regazo
susurrarte al oído que te quiero,

y reunida contigo en fiero abrazo
amarte hasta sentir que desespero
por fundirme contigo en mil pedazos

MI ADICCIÓN

MI ADICCIÓN



Eres una adicción, me maravilla
este deseo de inhalarte,
de beberte,
de fumarte…
Arden mis labios de inquietud fogosa
en la falta de tu dulce sustento,
Tiemblan mis manos vacías,
en desconsuelo,
y qué estremecimiento, amor,
cuando me siembras.
Y tú, que tienes en tus ojos
el poder de arrancarme el desespero,
Tú, que posees en tu regazo
el lecho en que apoyar mi alma,
Tú que guardas en tu boca
la fuente eterna de la dulzura,
Tú que alborotas
la sangre que golpea mis sienes.
Tú, que me desordenas,
ignoras cómo duele tu nombre
cuando me sabe a ausencia.
No sabes como el ansia de tu aliento
me corre como un río por las venas.

Que no me asalte el desamor...

Que no me asalte el desamor...

¡Que no me asalte el desamor,
que no llame a mi puerta!
Esperaré, presta a alzar
muros a su embestida,
porque no has sido mío todavía,
porque no he sido dueña de tus voluntad,
no admito hablar de despedidas!,
no aceptaré la soledad!

Que no me asalte el desamor.
Que no venga a turbar
este sueño loco y solitario,
que busca realizarse en tu destino.
Ahora que navegaba en tu corriente,
que había hallado el camino,
y perseguía el calor de tu morada
y tu cobijo -aun siendo peregrina-.

Que no me asalte el desamor.
Que no venga a vestir de zarzas mi deseo.
A acosar mis días apacibles con su mordaz cordura.
Que no lance cuchillos de agonía.
¡Si todavía no te tengo!
Si todavía es utopía este pálpito,
que me induce a soñar sobre mi pecho,
el rubor encendido de tus mejillas,
tu morbosa inocencia, el descaro
que fingen mis turbados pensamientos.

Qué no me asalte el desamor,
Que no me ahogue en su desaliento.

ANTONIA ALVAREZ: Una gran poeta, una gran mujer...

ANTONIA ALVAREZ: Una gran poeta, una gran mujer...

Breves notas biográficas

Antonia H. Álvarez Álvarez nació un día en Babia (León) de cuya fecha no quiere ni acordarse.
Pronto fijó su residencia en algún lugar de Asturias y desde entonces la tierra asturiana la acoge con el mismo cariño que ella la profesa como su patria chica en donde se siente, sobre todo, asturiana de corazón.

Esta estupenda poetisa asturiana -que es como ella desea ser conocida-, estudió en Salamanca y Oviedo filología románica, carrera de la que obtuvo la licenciatura.
El impulso literario y su amor por la poesía, lo lleva dentro desde siempre pero afloró al papel en fecha muy reciente; ello no fue obstáculo para alcanzar el segundo premio en el concurso «Bellido Dolfos» organizado por el Ayuntamiento de Zamora.

Antonia es profesora de enseñanza secundaria y ella se tiene por una aprendiz de poeta; pero en realidad, en muy poco tiempo se ha convertido (quizá lo fue siempre, sin saberlo) en una gran poeta de primera categoría. Su fino lirismo, sus bellas imágenes, sus mejores y más sublimes sentimientos, los va vertiendo en cada uno de los versos de sus poesías, como haría el gran músico al componer una bonita sinfonía para esos boleros de los que ella es una gran enamorada.

Breves apuntes biográficos:

Esta poeta asturiana dispone de todos los requisitos para ser considerada una de las grandes poetas actuales de habla hispana, a la altura —seguramente— de su admirada y malograda Alfonsina. Cuando utiliza el soneto endecasílabo como cajita de nácar en donde encerrar sus anhelos, sus pensamientos más íntimos, sus nostálgicas vivencias, lo hace de una manera sincera, bellísima, magistral.

No se quedan atrás los diferentes romances de arte menor y mayor, en los que expresa con alto lirismo esas ensoñaciones tan verosímiles, que contagian a todo buen lector y le hace cómplice de sus relatos contados con realismo en donde Antonia desnuda su alma tras los visillos de este bellísimo arte. También el verso largo, el verso alejandrino, es un incomparable recipiente para contener toda la poesía que ella sabe desgranar con un cuidado y elevado estilo.

Difícil es describir toda la riqueza que encierran los bellos versos de esta gran poeta y amiga. Como homenaje merecido, pasemos a disfrutar de sus poemas…

DE LLORAR

De llorar a reír hay sólo un paso,
un paso nada más, sólo un suspiro,
y de amar a matar sólo un recodo,
de nacer a morir, sólo un latido,
de mirar a ser ciego, ni un segundo,
de tener a dejar, sólo un quejido,
de querer a poder, sólo un mal sueño,
de gozar a sufrir, un "sinsentido",
de saber a ignorar, un tramo estrecho,
de vivir a olvidar...,
sólo el olvido.


ABRAZO

Dormitaré en la noche profunda de tu beso,
tras haber traspasado los últimos confines,
agotadas las horas, quebrados del exceso,
ahítos del aroma de todos los jardines...

Cayó así entre mis brazos tu piel, tu paz, tu peso,
y cogimos estrellas creando balancines:
en el fuego quemamos hasta el último hueso
como una llamarada de voz y de violines.

Te estrellaste en mi carne con ansia suicida,
para habitar sin miedo el cálido regazo,
llenándome la boca de versos sin medida.

Nos hicimos eternos amantes de un abrazo,
mordiéndonos la muerte en íntimo arañazo,
para anegar, amando, los cauces de la vida.

Antonia Alvarez


DESBANDADA

Se les fugó el cariño en desbandada
de golondrinas ciegas, sin destino;
tuvieron nido ayer, y en el camino
detuvieron el paso y la mirada.

Ayer un nido, sí, la misma almohada,
los mismos gestos bajo el mismo lino;
hoy ya ni un solo beso mortecino,
ni una tibia caricia enamorada.

¿Por qué te vas, amor?, ¿por qué te fuiste?
Si pudiera arrancar, ¡si yo pudiera!
todo el dolor que traspasamos juntos...

Es el tiempo que juega, terco y triste,
es el tiempo que busca, ¡ay!, primavera
entre un eterno cielo de difuntos.


BOLERO 3

Me invitaste a bailar. Cerré los ojos.
En la música lenta de un bolero,
despacito, trazamos un sendero
de corazones con latidos rojos.

Descorrimos del alma los cerrojos
lanzándola a volar hacia un lucero;
yo me dejé llevar, y en un "te quiero"
diste la vuelta entera a mis antojos.

Yo apoyada en tu hombro, melodía:
"La hiedra", "Piel canela", "La distancia",
susurraste al oído, yo soñando;

(o soñamos los dos); fuera llovía,
y se daba la extraña circunstancia
de no estar juntos y seguir bailando.

LORQUIANA

El sol desangra los montes
con cuchilladas de grana,
y otra Soledad Montoya,
-tan de Lorca y tan gitana-
con las trenzas por el suelo
y el duelo sobre la almohada,
va buscando claridades
en los balcones del alma.
Hiere la espiga las eras,
las fuentes secan el agua,
las primaveras se amustian
y se anochecen las albas.
En los surcos caen los versos
nacientes de las palabras.
Por los ojos, olas negras
entre arrecifes de plata,
y entre las manos el hueco
de alondras en desbandada.
¡Ay Soledad!, que te pierdes...
no tienes puerto ni amarras.
¡Ay Soledad!, ¿qué ilusiones
buscaste, que no encontrabas?
La noche clava en el cielo
sus espuelas estrelladas,
y sigue la luna, luna
llorando las madrugadas,
y escondiendo entre las nubes
la palidez de su cara.
Trenza el silencio las sombras
con sus manecitas blancas,
y se retiran las risas
hacia el desván de las lágrimas.
Sigue Soledad buscando
el sol entre las nostalgias,
con la hiel entre los labios
y el dolor en las entrañas.
¡Deja ya la pena negra!
¡Deja de arañar las ansias!
Que no puedes encontrarte,
que en las vides se desgranan,
antes que puedas cogerlas,
las uvas, ensangrentadas.
Soledad, sólo la noche
puede encontrar la mañana,
sólo los mares profundos
vuelven el agua salada.
Sólo el corazón endulza,
Soledad..., tu boca amarga.

AQUELLOS VERSOS

Esconderás los versos aquellos que me hiciste,
entre unos libros viejos, donde nadie los lea,
y alguna tarde de ésas en que estés algo triste,
volverás a buscarlos sin que nadie te vea.

Quizá vuelvas a verme entre líneas borrosas,
y te nuble el recuerdo, sin querer, la mirada,
y revivas palabras encendidas y hermosas
antes de que me dejes para siempre olvidada.

Recordarás el tiempo, intenso pero breve,
en que quizá quisiste soñar que me querías;
ya sabes, al verano le sucede la nieve,
y al momento que muere, el rodar de los días.

Cuando leas los versos, cuando mires la foto
amarilla del tiempo, volverá la añoranza
de todo ese pasado que sin querer se ha roto
porque venció la ausencia y falló la esperanza.

AUSENCIA

Cuando te tuve más, más te perdía,
y ahora que ya te vas, te estoy ganando:
encadenado estás, te estoy atando
a mi reja de ayer y celosía.
Aún tu palabra es bálsamo y porfía,
y luz y mar, y afán de cómo y cuándo
has de llegar, amor; vamos remando
a avizorar la misma fantasía.
Los besos que soñamos, ¿no los sientes?,
las manos que extendimos, ¿no las tocas?,
la mirada que abrimos, ¿no la anidas?.
Manos, mirada y besos, como ausentes
deseos fueron, palpitar de bocas,
sólo quedan recuerdos, ¿los olvidas?

Y DIGO

Hoy dejo que mi vida se ahogue lentamente
sumergida en tus ojos de sed y abrevadero,
y así como las nubes se enlazan al poniente,
yo digo que te quiero...

Hojas de otoño y niebla palpitan en tu frente,
presagiando tormentas de amor y ventisquero,
y mientras duerme el agua mecida por la fuente,
yo digo que te quiero...

Respiro el aire frío de aguja transparente
-diciembre se ha mojado con lágrimas de acero-,
y mientras tañe el río su plata de serpiente,
aún digo que te quiero...

Podrá la tarde triste llevarme en su corriente
hacia la noche inmensa e insomne del lucero,
pero aunque sólo sea yo un sueño, solamente,
aún digo que te quiero...

Rebrotas en mis ojos cuajado, permanente,
como brotan las hierbas de marzo en el estero,
y a pesar del vacío en tus manos de ausente,
yo digo que te quiero...

Se me ha llenado el alma de rosas, de repente,
y corazones pintan de rojos el sendero:
he llegado a tu orilla para cruzar el puente
y decirte
...te quiero.

A SANGRE VIVA

A sangre viva arráncame la muerte,
que no quiero volar en el vacío,
ni soñar calidez temiendo frío
entre el hielo afilado de lo inerte.
A fuerza viva arráncame tan fuerte
la pena que solloza sal y hastío,
que no quepa ni un haz de escalofrío
en la lenta agonía de esta suerte.
Rompe la soledad hacia la sombra
que quebranta mi paz y me hace esquiva,
y me acora, me muerde y me atenaza.
Quiero sentir la fe que desescombra:
dame la certitud de que estoy viva
entre esta inútil muerte que me abraza.


MÁS FUERTE

Quieto, quieto, no muevas... el aire ni la risa,
deja flotar el alma, deja morir la prisa.

Sosiega tus momentos, ajusta la mirada,
piensa que se abre el mundo en flor enamorada.

Envuélvete en el pálpito azul del infinito,
entrega al horizonte tus ansias y tu grito.

Piensa que aquí en mis manos se deshojan dos rosas,
dos pensamientos tuyos, dos ofrendas celosas.

Cierra los ojos, fuerte, y préndeme en tus brazos,
que sean tus palabras los nudos de estos lazos.

Acerca poco a poco tu sentimiento al mío,
para aliviar tu pena, para entibiar mi frío.

Invéntate otro mundo con nuevas circunstancias,
que el corazón rebosa y rompe las distancias.

Ven, amor, que te espero en mi mundo callado,
y en un sueño imposible volarás a mi lado.

Sentir lo que tú sientes, llorar lo que tú añoras,
es unir lo lejano, juntarnos en las horas.

Más fuerte que un latido, que la vida, más fuerte,
es esto que nos liga más allá de la muerte.


SI SE APAGA LA LLAMA

SI SE APAGA LA LLAMA

Si se apaga la llama,
cómo encender el fuego nuevamente,
si por más que se froten nuestros cuerpos,
-ó incluso nuestras almas-
no volverá a surgir la chispa
que dió vida a la hoguera.

Sí se apaga la llama,
con qué podré encender el candil,
que me guíe entre daño y cautela.

Si la llama no volviera a brillar,
y no pudiera ver en tus ojos amados,
reflejado su azul crepitar,
cómo saber que siguen ahí,
que me contemplan,
que su luz no se ha desleído,
entre las cenizas esparcidas por el viento,
lejos de esta lanza hundida en mi costado,
de ese dolor, que presiento en tu alma.

PALMO A PALMO..

PALMO A PALMO..

En silencio te observo, mientras duermes
ausente del anhelo que provocas,
perdido en pos de quién sabe qué sueños.
¡Qué delirio tus labios entreabiertos!.
Qué ansia de tus muslos, asomando
entre pliegues de sábana indiscreta.
Abres los ojos perezosamente.
Ves en mis ojos el anhelo
de amarte en las caricias, y me llego
al bies de tus caderas,
por verte en el deseo arrebatado.
Va tornándose impaciente tu mirada,
tanto que se diría que mis manos
te queman como fuego en las entrañas,

y mi boca va ganando tus espacios,
palmo a palmo.
Y al sentir tu ansiedad, ¡ay, cómo crece
la osadía de mis labios!

ÁTAME

ÁTAME

Átame a tu mirada
y hiéreme de asombro,
que es hora de romper la noche
y devorarla. De asediar
tus muros y entregarme
al vértigo de tus palabras
hechas fuego y gemido.
De recorrer tu laberinto,
a tientas, ciegamente,
guiada por aromas y besos,
por besos y miradas.
De perseguir tu cuerpo tercamente.
De prenderme en la redondez
de tus caderas, y colmarte las ansias.
De saciar mis anhelos,
y gozar de tu pasión desbordada.
Enredarme en tu abrazo estrechamente,
y clavarme sin piedad en tu pecho
llenándote de fuego las entrañas.

ARMANDO TEJADA GOMEZ ( Argentina, 1929-1992 )

ARMANDO TEJADA GOMEZ ( Argentina, 1929-1992 )


HISTORIA DE TU AUSENCIA

Si ahora digo amor tal vez no diga
que la ausencia me mira del fondo de tus ojos,
que aquí estuvimos juntos, que fue hermoso
y que el sol conocía tu perfil de memoria.
Tal vez sea imposible que alguien sepa lo claro,
la luz que fue llevarte de la mano pequeña
como a un tallo mecido por un viento de música
hacia los territorios donde aguarda el silencio.

Y ya que estás distante,
qué pensarán los árboles
qué dirán las canciones,
cómo verá la noche mi soledad de río;
dónde pondrán su ronda los niños de la tarde,
adónde irán los pájaros sin tu risa y mi silbo
y la calle tan sola con sus puertas inútiles
y las sombras sin besos
y los perros perdidos;
ahora que la ausencia me interrumpe la boca,
ahora que me esperas tan allá de los niños.

Se nos ha muerto el año.
Yo le veo el invierno
hecho de un sólo frío,
de un solo tajo solo
a la mitad de agosto,
de una dura distancia...
larga, definitiva.
Porque de pronto sobran los barcos,
los andenes
y de pronto este rumbo ya no tiene sentido
como si nadie fuera hacia ninguna parte
o alguien hubiera muerto a mitad de camino.

Alguien.
Mi voz. Tu pelo. Las cosas que no dije.
La flor de tu vestido.
Se nos ha muerto el año donde dejé tu nombre
para que recobrara su condición de estío.

Ya no sé,
nunca entiendo estas precarias sílabas
cosas que no recuerdo de pronto me dominan:
¿te dije que tenías la piel como de humo?
¿que de estarme en tus ojos me conozco el origen?
¿te he enseñado el misterio de los árboles solos?
¿sabes ya que tus manos son dos siestas dormidas?

No sé,
nunca recuerdo tanta distancia,
tanta canción que no he cantado cuando anduvimos juntos.
Me dolería mucho no haberte dicho todo
lo que llevo en la boca casi como otra risa.


APOCALIPSIS

APOCALIPSIS

Porqué derrama lágrimas el cielo?
¿Qué hace que anide el llanto
en las mismas entrañas de la tierra?
¿Cual es la causa del gemido
que hace que tiemblen valles y montañas?
¿Qué causa la agonía de mares y ríos?,
¿Qué sacude el espacio,
y arrasa todo signo de vida.?
¿A dónde conducirá este sueño aterrador,
espeso como espesa niebla?
Tal vez es hielo mi sonrisa;
o mi sombra el desamparo.
¿En qué recóndito confín
se habrá exiliado la esperanza?
Se cierran las murallas del paraíso,
y sollozan las nubes,
sobre el hombro del tiempo.
Tal vez estén mirando
a través de los ojos de la muerte.
y se pregunten dónde se halla el sendero
que conduce al edén.?